Morir de viejo, morir de cáncer, morir comiendo, morir corriendo, morir mordiendo, morir sabiendo, morir sonriendo, morir fingiendo, morir durmiendo, morir despierto, morir perdiendo, morir cosiendo, morir hambriento, morir lloviendo, morir pariendo, morir de noche, morir de madrugada, morir arrugado, morir saltando, morir buscando, morir armando, morir cortando, morir llamando, morir quemando, morir robando, morir bebiendo coca-cola, morir jugando, morir creando, morir orando, morir volando, morir excavando, morir dibujando, morir en pinturillo, morir navegando, morir en navidad, morir trabajando, morir tosiendo, morir cayendo, morir creciendo, morir callando, morir sentado, morir acostado, morir sin pies, morir abrazado, morir abrasado, morir atornillado, morir empapado, morir con sombrero, morir a los veinte, morir a los veinte, morir a los veinte.
Y resucitar al tercer día.
Leer con ternura, gracias.
sábado, 8 de diciembre de 2012
miércoles, 9 de mayo de 2012
Cuarenta años sin soledad
He dormido cuarenta años bajo la almohada verde con dibujos apagados, tres de ellos me hablaron la última vez que te vi llorar al pensar que moriría bajo la sombra de aquél montón de hojas que nunca acabé de leer.
Mis pies intentaron huir, pero la condena que caía sobre ellos era más dura que la voluntad de cualquiera de mis extremidades.
Mis cabellos cayeron como plumas arrancadas a una gallina al ser devorada por un grupo de jaguares hambrientos.
Las uñas de mis dedos se encogieron hasta disolverse y ser polvo que viaja por antiguas ciudades escondidas tras las paredes de una casa abandonada.
Mis párpados se fueron atraídos por los placeres de un par de ojos más claros y vanidosos que los míos. En su lugar dejaron los restos que quedaron de la última manzana que comí.
Pasé largos días de veintiocho horas durmiendo; hasta que un día, los gallos, junto a las golondrinas y los zorzales cantaron juntos.
Entonces desperté.
Al despertar estaba yo. Y nada más.
Mis pies intentaron huir, pero la condena que caía sobre ellos era más dura que la voluntad de cualquiera de mis extremidades.
Mis cabellos cayeron como plumas arrancadas a una gallina al ser devorada por un grupo de jaguares hambrientos.
Las uñas de mis dedos se encogieron hasta disolverse y ser polvo que viaja por antiguas ciudades escondidas tras las paredes de una casa abandonada.
Mis párpados se fueron atraídos por los placeres de un par de ojos más claros y vanidosos que los míos. En su lugar dejaron los restos que quedaron de la última manzana que comí.
Pasé largos días de veintiocho horas durmiendo; hasta que un día, los gallos, junto a las golondrinas y los zorzales cantaron juntos.
Entonces desperté.
Al despertar estaba yo. Y nada más.
domingo, 1 de abril de 2012
En casa
Escalando montañas de sal y caminando entre el hielo derretido llegarás a mi hogar, te esperaré sentado sobre el mueble que sostiene las cajas que nunca me he atrevido a revisar.
Siéntete como en casa, pero no vayas a tocar las copas con vino que guardo bajo mi abrigo.
Llévate las huellas que dejé en el agua para lavar tus uñas cada mañana.
Prende tres inciensos y apaga las luces. Ahora reza desesperadamente y agradece por los años que
*Se ha omitido el final de éste escrito debido a la repentina muerte del escribiente. Lamentamos los inconvenientes, tenga un buen día.
sábado, 10 de marzo de 2012
viernes, 2 de marzo de 2012
Noche de las cuerdas
Esta noche las cuerdas se atarán a nuestros cuellos como colgantes de oro y jamás querrán salir, pero aún podemos compartir nuestras últimas memorias.
Aún podemos saltar por los árboles y bajar las escaleras bailando el tango que siempre suena de fondo en las películas. Sí, el tango que suena de fondo en cada sueño y que cada día olvidamos.
Aún podemos caminar sobre las cuerdas y hacer malabares con bolas de pool.
No olvides atar tus cordones y por ningún motivo te despiertes antes de que la función acabe.
Entonces podremos despedirnos de París.
domingo, 12 de febrero de 2012
Agujeros
No se dé la molestia, no fui engendrado con ese propósito. Pero la próxima vez le exigiré utilizar la puerta. Siéntase como en casa.
martes, 31 de enero de 2012
Focos apagados
Aunque duerma bajo la almohada, siempre vuelve a esconderse en el tercer cajón de abajo hacia arriba.
Sus ojos me recuerdan al cristal molido bajo mis zapatos esa mañana de octubre cuando no reconocí sus pasos y confundí sus tosidos con un cuarteto de cuerdas que intentaba tocar los dedos de Piazzolla.
Los árboles siempre nos dieron la suficiente cantidad de alfileres como para permanecer juntos, pero los agujeros se vuelven aburridos.
Los ladrillos en el cielo a menudo escriben los nombres con que la he conocido.
Aunque olvidé la mitad de las letras que lo componían y los reemplacé con números, la mayor parte del tiempo los recito y río como cuando Cecilia dejó de ser Cecilia o cuando Sicilia dejó de ser Sicilia; cuando dejaron de ser la mujer en la ciudad y fueron tan sólo una mujer en una ciudad.
Ahora esas letras adornan la patente de mi automóvil.
Desde aquél día, los perros ya no me ladran como antes.
miércoles, 25 de enero de 2012
Mudez
Decidí esperar ciento dieciocho días por la respuesta. No quiero oírla ni leerla, espero que sepa hacer uso de la telepatía.
Las cenizas del abuelo me miran como si no quisieran esperar.
Sé que uno de mis cuadernos memorizó su número telefónico escrito en tinta roja. Sé que cada dígito se enmarcaba en un cuadro con marco de seda, cada uno con el mismo mensaje escrito en una lengua distinta.
Hablemos sin abrir la boca.
Mejor cierro las cortinas y me duermo. Mañana serán ciento diecisiete.
miércoles, 4 de enero de 2012
Relojes de arena
Has perdido la paciencia.
Busquémosla dentro del maletín que está en el fondo de la sala, el que está junto al reloj que tiene la hora inexacta.
Salgamos a buscarla detrás de los tres árboles que adornan el patio mirando como las flores juegan con los rayos de sol y las partículas de polvo que bailan como un ballet de canarios que no conocen la libertad.
Reza a Dios por tu paciencia cinco días y cinco noches, llora para las estrellas y canta para los soles.
Conviértete en dios del polvo, búscala donde sólo tú podrías.
Haz una llamada telefónica a la muchacha del cabello oscuro, ella la tiene, se la llevó en su auto aquella noche en la que sólo conociste de ella su nombre.
¿Tienes un cigarrillo? Me gusta verles desvanecerse de a poco, podrías usar uno como reloj de arena.
Busca en tu bolsillo.
Si no la hallas, te doy la mía.
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