Leer con ternura, gracias.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Estimadísima:

Estoy sequísimo, pido expresamente una tormenta (de ser posible eléctrica), una lluvia o unas pequeñas gotas que puedan refrescar mis ojos.
Sus lectores esperamos ansiosos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Cuatro de trébol

Me gustaba redactar mensajes con naipes ingleses. Ahora lo hago con fichas de ajedrez y piezas de compecabezas.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Manuable

No tientes al tiempo mirando como tus cabellos caen, no son reales y nada de esto fue real. Es mejor que subas al techo y cantes para mí una sinfonía de cuarentaitres minutos seguida de una canción de cuna.
Recolecta el néctar que cae de las estrellas para que vivas tu último día y tu última vida.
Mis últimos recuerdos serán dulces y en mi funeral sólo se admitirá gente vestida de fiesta, habrá un pastel gigantesco en forma de cordillera sin nieve. Todos lo probarán y fingirán gustosos que es un pastel exquisito. Esa señora que no me conoció, me llorará cortésmente mientras bebe su té de pasas; siempre lleva puesta una máscara que casi me confunde, a veces se parece a la tercera de las cinco madres que tuve.
No temas al hombre que se viste con bolsas de basura.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Qué tormentoso

No, no es lo que hay bajo tu brazo.
Si intentara explicarlo tardaría mil y dos noches, mejor enciende una vela y desespérate la noche que viene; ésta ya llega a su fin.
No te marches, aún no te has marchitado. Conversa con las flores y seduce a un par de abejas. Enciende ese cigarro que traes en el bolsillo, pero no lo fumes, deja que su olor invada tu cabello.
Sigue el rastro de su rostro por el resto de la ruta. Entra al restorán y arrástralo raudamente rayando el piso rosado y resbaloso al retratar su riñón izquierdo. También la odio.
Dile a Redolés que se Cecilia sí se llama Cecilia y que está viva.
Escribe un poema sobre computadores y envenena el agua.
Deja de escribir.

- No.
- Sí.
- No.
- Sí.

Vuelve a casa cantando.

- Calla de una vez.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La de nunca

No me cuentes historias a menos que comience a oscurecer, debo estar despierto y sin ánimos de dormir. Quiero que sepas que odio los mares y el color rojo, los vasos quebrados puedes dejarlos en la basura. Enciende una vela para mirarte a los ojos; el sol se ha apagado para siempre.
Si vas a contarme una historia, ha de ser de desamor, de cartas quemadas, de palomas muertas, de mensajes ensangrentados, de palabras que todo el mundo escupe cuando a alguien hay que maldecir.
La luna oculta el secreto dentro de uno sus cráteres, pero odia las matemáticas y olvidó en cual de ellos se encuentra.



No quiero oír tu historia.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Etiqueta

No es necesario que prendas la luz azul, con la que tiene el color de la sangre basta.

Sale una

Subí los quince escalones de la escalera para encontrarte y no estabas. Me dijeron que te mudaste hace dos días, pregunté a las nubes si te habían visto y apuntaron con sus colas de aguja hacia el norte.
Tomé la micro equivocada, olvidé mi mochila en el paradero, me apreté la mano con la puerta y mi brújula se rompió.
He vuelto a casa a buscar hilo de color verde para capturar a una de las nubes que te vio huir por última vez.