Leer con ternura, gracias.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Manuable

No tientes al tiempo mirando como tus cabellos caen, no son reales y nada de esto fue real. Es mejor que subas al techo y cantes para mí una sinfonía de cuarentaitres minutos seguida de una canción de cuna.
Recolecta el néctar que cae de las estrellas para que vivas tu último día y tu última vida.
Mis últimos recuerdos serán dulces y en mi funeral sólo se admitirá gente vestida de fiesta, habrá un pastel gigantesco en forma de cordillera sin nieve. Todos lo probarán y fingirán gustosos que es un pastel exquisito. Esa señora que no me conoció, me llorará cortésmente mientras bebe su té de pasas; siempre lleva puesta una máscara que casi me confunde, a veces se parece a la tercera de las cinco madres que tuve.
No temas al hombre que se viste con bolsas de basura.

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